Por Fray Ricardo Maganda OSA

Nuestra Señora de Consolación o Virgen de Consolación es una
advocación mariana venerada por los católicos, cuya fecha de
celebración es el 4 de septiembre.


Se llama Virgen de Consolación a la imagen que
representa a la madre de Dios en la tradición cristiana, y que
alude a ésta como defensora del Apocalipsis como libro
fundamental para el consuelo de los cristianos.


Como tantas otras devociones, la de Nuestra Señora
de la Consolación hunde sus raíces también en la leyenda.
Históricamente la advocación no aparece ligada a la Orden
Agustina hasta el siglo XV, mas el fervor de sus devotos hizo
remontar esa relación hasta los mismos tiempos de san
Agustín.


En este caso, el carácter consolador de María se
manifestó hacia santa Mónica. Y es que en María encontraba
el consuelo en sus continuas oraciones para que Agustín
volviese al seno de la Iglesia. A esta preocupación se sumó la
muerte de su esposo Patricio y meditó en la desolación de
María después de la muerte de su hijo Jesús. María se
aparece a Mónica vestida de negro y ceñida con una correa
del mismo color, diciéndole: “Mónica, hija mía, éste es el traje
que vestí cuando estaba con los hombres después de la
muerte de mi hijo. El mismo vestido llevaras tú en señal de tu
devoción hacía mí”.


La alegría de Mónica fue grande al escuchar aquellas
palabras. Alegría que llegaría a su culmen con la conversión
de su hijo Agustín.


El hábito se convirtió así en un signo de amor de
María, y lo adoptaría la santa permanentemente en su
viudedad. San Ambrosio y san Simpliciano fueron los
primeros en utilizarlo, por indicación de santa Mónica, así
como su hija Perpetua y sus sobrinas.


La devoción mariana se había acentuado de forma
especial en el mismo corazón de Italia: «en nuestro
agustiniano convento de Santiago en Bolonia, nuestro V. P.
Fr. Martín Vercellense [o de Bercelis], predicando en el
mismo convento la Quaresma del año 1495, y aviendo hecho
pintar y colocar cerca de la puerta mayor de la iglesia una
hermosa imagen de Ntra. Señora con la invocación o título de
la Consolación, inflamó de tal suerte con sus sermones al
pueblo en su devoción y culto, que de los muchísimos
devotos que se asociaron y unieron para venerarla, se formó
una numerosa cofradía».


Por tanto, el nombre de Consuelo o Consolación
hace pensar en cercanía con el afligido, fortaleza para
compartir el dolor ajeno, compañía para ahuyentar la tristeza
de la soledad. María, elevada al cielo, “brilla ante el pueblo
peregrino de Dios como signo de segura esperanza y
consolación” (LG, 69).

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