Por Fray Ricardo Maganda Gómez OSA
Algunas ideas que he captado del pensamiento del papa León XIV: hacia donde se perfila el nuevo amanecer de la Iglesia.

Nuestra parroquia de San Juan Bautista y sus grupos parroquiales posee una misión misionera de ser iglesia en salida, para compartir la fe con las personas buenas que no van con frecuencia al Santuario Expiatorio del Señor de Esquipulitas.

El Santuario Expiatorio del Señor de Esquipulitas está profundamente comprometido con esta visión del Santo Padre. Nos sabemos parte de una Iglesia que no se encierra, que no se conforma, sino que se pone en camino. Una Iglesia que busca llevar la luz de Cristo más allá de sus muros, siendo cercana, humana, misericordiosa y real. Cada celebración, cada servicio, cada obra que nace del Santuario responde a este llamado misionero.
Queremos ser una iglesia que se mueve a los hogares para que no se sientan excluidos y abandonados, que escucha sus inquietudes, sus dolores y tristezas con alegría y esperanza para que se sientan pueblo de Dios, donde todos vivamos en paz como hermanos y como comunidad.
Queremos ser una iglesia servidora y portavoz profética contra el sistema de la acumulación de lo material como dios y del poder político que engendra distinción de clases sociales sin una iglesia de la revolución de la ternura, de la verdad y misericordia.

Una iglesia que evangeliza desde Cristo, basada en la figura de Jesucristo y sus enseñanzas, busca compartir el mensaje del evangelio con otros, con el objetivo de que se conviertan y vivan su fe y sigan sus enseñanzas. Esto implica una labor de testimonio, predicación y discipulado, buscando que la persona tenga un encuentro personal con Cristo.
Una iglesia que no se acostumbre a la violencia, a la corrupción como un estilo de vida. Una iglesia caritativa y solidaria con los más necesitados.
Una iglesia comprometida de vida eucarística y como Madre y Maestra defiende los derechos de las personas en el ámbito social como misión evangelizadora de Jesucristo Vivo y Resucitado.
No queremos ser una iglesia de devotos sin compromiso religioso y social: sino iglesia con compromiso de la doctrina social cristiana que haga conciencia de su liberación contra un mundo que aniquila la presencia de Dios en sus vidas.

Pero esta transformación no depende solo de instituciones o del clero. Nosotros somos la Iglesia. Si anhelamos una Iglesia más real, más coherente, más cercana al Evangelio, debemos empezar por nosotros mismos. Cada gesto, cada decisión, cada compromiso cuenta. Si queremos una Iglesia que no caiga en contradicciones, debemos vivir nuestra fe con autenticidad en nuestra vida cotidiana. La renovación empieza desde el corazón de cada uno.
Una iglesia que forma a los fieles capaces de actuar en la sociedad y defiendan los derechos humanos y religiosos sin temor.
Ser una iglesia sensible a los problemas de la ecología y del futuro de la casa común, la madre tierra.
Vayamos de la mano sacerdotes y fieles a la calle.




