Por: P. Fr. Ricardo Maganda Gómez, OSA
El mes de junio tradicionalmente está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, máxima expresión humana del amor divino. La celebración de la solemnidad del Corazón de Cristo nos da la pauta para todo el mes, el año y la vida entera.

Consagrar la familia al corazón de Jesús, es una invitación a renovar nuestra fe y a profundizar nuestra relación con Cristo y con nuestros seres queridos. En este Jubileo del Año Santo de la Esperanza y de la paz, aprovechemos esta oportunidad para vivir de manera más consciente y activa esta devoción, permitiendo que el amor de Jesús y los valores
familiares transformen nuestras vidas y nuestra sociedad.
La piedad popular valoriza mucho los símbolos, y el Corazón de Jesús es el símbolo por excelencia de la misericordia de Dios; pero no es un símbolo imaginario, es un símbolo real, que representa el centro, la fuente de la que ha brotado la salvación para toda la humanidad.
En los Evangelios encontramos diversas referencias al Corazón de Jesús, por ejemplo en el pasaje en el que el mismo Jesús dice: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo les aliviaré. Carguen mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán
alivio” (Mt 11,28-29).

Juan reconoció en aquel signo, aparentemente casual, el cumplimiento de las profecías: del corazón de Jesús, Cordero inmolado sobre la cruz, brota el amor, el perdón y la vida para todos los hombres.
La Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús nos hace pensar ¡cuánto nos ha amado Dios! El Corazón de Jesús es el símbolo de ese Amor.
Dirijámonos a la Virgen María cuyo corazón inmaculado, corazón de madre, ha compartido al máximo la compasión» de Dios, especialmente a la hora de la pasión y de la muerte de Jesús. Que Ella nos ayude a ser mansos, humildes y misericordiosos, para educar las familias con sentimientos de dulzura y de compasión según las virtudes del Corazón de
Cristo.





